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Hay que cambiar

Dejar envejecer las llantas de tu auto resulta en una serie de adversidades, desde incomodidad hasta peligros

Posponer indefinidamente el cambio de llantas para nuestro automóvil va creando condiciones de riesgo incrementales. Cada día, el caucho que las integra pierde propiedades de adherencia e integridad. Debido a lo gradual del cambio, parecieran imperceptibles esas pérdidas, y ante una distancia de frenado peor, una estabilidad afectada y la cada vez menor adherencia al acelerar pudiéramos creer que algo anda mal mecánicamente con el auto pero no es así.

Después de cuatro año de uso regular, aún bajo condiciones moderadas y con dibujo disponible la superficie de la llanta estará endurecida. Esa degradación resulta inevitable: si bien podemos prolongar la vida del juego de llantas manteniéndolas a presión de inflado nominal y evitando frenados repentinos, la atmósfera del planeta deteriora el hule, de manera inevitable.

Incluso en casos más avanzados de deterioro se empezarán a presentar llantas con presión baja, pero sin ponchaduras. Esto es causado por microfugas a través del agrietado de la llanta. La presión baja a su vez agrava el desgaste del por sí afectado juego de neumáticos viejos.

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Si hemos olvidado cuándo fue aquella remota ocasión en que cambiamos el juego actual, o bien lo ignoramos ya que nuestro vehículo es seminuevo, debemos buscar un óvalo en la cara de la llanta conteniendo cuatro dígitos. Con ese críptico número podemos determinar la edad de la llanta pues los primeros dígitos hacen referencia a la semana del año de 52 disponibles en la cual se elaboró, y los últimos dos dígitos corresponden al año. Por ejemplo, si encontramos la clave 0522 ese neumático fue elaborado en la primera semana de febrero de 2022 y está a tiempo de ser cambiado.

Una situación agravante se presenta cuando tuvimos la pérdida de una llanta por desgarre o rotura y debimos comprar un solo neumático, en lugar de dos para un eje o cuatro para ambos. En este caso tendremos asimetría al frenar, lo cual en caso de pavimento mojado podría causar pérdida de trayectoria.

Nueva vida

Si ya nos estábamos desencantando de nuestro amado carrillo, un cambio de juego de llantas le dará nueva vida: frenará en menor distancia, activará mucho menos los intrusivos sistemas ABS y del control de tracción, y realizará con más agilidad los cambios de carril. Inclusive, si elegimos correctamente el modelo sustituto, podemos tener una reducción de la insonorización en cabina, pues neumáticos más modernos incluyen recursos de ingeniería para reducir el ruido. Si nuestra situación económica no nos permite cambiar las cuatro llantas, al menos las dos más desgastadas pueden sustituirse, siempre poniendo el juego nuevo al eje trasero, para evitar desequilibrar la capacidad de frenado.

Si además de las nuevas llantas nos aseguramos de contar con un seguro que las proteja, tendremos una compra con un poco más de paz mental, pues la expectativa de perder la nueva llanta oscurecen el disfrute de las nuevas condiciones de nuestro auto.

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