El anteriormente conocido como Milano abre lista de solicitudes para los conocedores decididos
Buscando llegar a un público afín a la deportividad y buen gusto, el hatchback de Alfa Romeo convoca a quienes estén dispuestos a comprometerse, para que levanten la mano y les sea tomado el correspondiente pedido. En nuestro mercado, la marca pone a disposición del entusiasta dos versiones, ambas impulsadas a motorización híbrida, con 145 caballos.
Los detalles de deportividad de la marca se expresan en una diversidad de puntos en Junior. El tablero con cubiertas en forma de telescopio, las polveras musculosas, o los asientos Sabelt son algunos de los más característicos. La transmisión es automática de doble embrague, con control manual secuencial para mayor aprovechamiento de su poder. En la palanca de control de ésta se halla el botón de encendido, un detalle má de diseño italiano.
La adición de Junior a la cartera de Alfa Romeo permitirá a entusiastas de buen gusto acceder a un modelo de una marca legendaria, como en su momento hicieran BMW con la Serie 1, Mercedes Benz con Clase A, y Audi con A1; así pueden adoptar la marca desde un momento de vida temprano e ir ascendiendo en la gama hasta considerar modelos de más madurez como Giulia.

Este modelo compacto y práctico de la marca italiana había sido inicialmente denominado Milano en honor a la ciudad de fundación de Alfa Romeo, como lo han hecho una diversidad de autos con nombres de lugares, o toponimios como académicamente se define el término. Ferrari Portofino, Hyundai Santa Fe o Dodge Durango entre muchos otros vehículos han recibido el título de una región evocativa de vivencias asociadas a su propuesta de producto. Sin embargo, para Alfa Romeo Junior fue necesario un proceso de rebranding debido a que en Italia se protegen los nombres asociados a ciudades, como es el caso en México para el licor de agave que únicamente puede identificarse como Tequila si cumple con las condiciones definidas por su Consejo Regulador.
Otras marcas han tenido esos replanteamientos, como fue el caso de Porsche con el 901, que debió evolucionar a 911 al exigir Peugeot se abstuvieran de usar un número de tres dígitos con el cero enmedio, como es la costumbre del fabricante Francés; otro caso fue el del Ford GT el cual tuvo que abstenerse de usar la marca GT40 pues un adelantado la registró mientras el fabricante norteamericano había dejado caducar el título. En el caso de Alfa Romeo Junior, el nombre anterior probablemente quede como una anécdota para los fanáticos más minuciosos, o quizá el consumidor tenga la última palabra, como ha pasado en México para procesos de cambio de marca que no borran el pasado, como los de Bancomer o Serfín.




