Con la gasolina regular en 23.67 pesos por litro, la Premium en 26.89 y el diésel en 28.36 a nivel nacional, ahorrar combustible ya no es solo buena costumbre: también es una forma de defender el gasto diario.

La gasolina no necesita subir demasiado para sentirse en el bolsillo. Hoy, con un promedio nacional de 23.67 pesos por litro para la regular, 26.89 para la Premium y 28.36 para el diésel, llenar el tanque vuelve a ser un gasto que pesa más en el día a día. A eso se suma un contexto de presión en los energéticos, con la mezcla mexicana en 97.01 dólares por barril al 19 de marzo.
Pero aquí hay un detalle importante: no todo el ahorro depende de encontrar la estación más barata. También depende de cómo manejas, de qué tanto cuidas tu auto y de varios hábitos que suelen pasar desapercibidos hasta que el precio del combustible obliga a mirarlos de frente.
Y sí, comparar estaciones sigue valiendo la pena. En el monitoreo de Profeco, la gasolina regular más barata entre las regiones revisadas apareció en Acolman, Estado de México, con 23.12 pesos por litro, mientras que en Bahía de Banderas, Nayarit, se registraron 24.99 pesos. En diésel, el rango fue todavía más evidente, con estaciones desde 26.52 pesos hasta 29.99 por litro.


Por eso, más que quedarnos solo en el alza del combustible, en Automóvil Panamericano te proponemos algo más útil: poner a prueba durante una semana estas prácticas y revisar si tu siguiente visita a la gasolinera tarda más en llegar.
La primera es la más obvia, pero también una de las que más se ignora: manejar con suavidad. Acelerar de golpe, frenar tarde y volver a acelerar en cada semáforo hace que el motor trabaje de más y gaste combustible de forma innecesaria. No se trata de manejar lento, sino de hacerlo con más fluidez.
La segunda es revisar la presión de las llantas. Unas llantas bajas aumentan la resistencia al rodamiento y obligan al auto a esforzarse más para avanzar. Es uno de esos detalles pequeños que no parecen importantes, hasta que se traducen en menos kilómetros por tanque.
También conviene evitar peso innecesario. Herramientas, cajas, mochilas o cualquier cosa que viva permanentemente en la cajuela termina afectando el consumo, sobre todo en ciudad. Lo mismo aplica para accesorios exteriores que no estás usando, como barras o portaequipajes.
En carretera, otra práctica que sí marca diferencia es bajar un poco el ritmo. A velocidades altas, la resistencia del aire castiga más el consumo, así que mantener un paso constante suele ser mucho más eficiente que ir acelerando para frenar unos metros después.
Otro consejo clave es usar el combustible correcto. Si tu auto requiere Premium, hay que respetarlo. Pero si funciona sin problema con regular, pagar más no necesariamente se traduce en un beneficio real. Con los precios actuales, esa diferencia ya es suficientemente grande como para no cargar de más sin razón.
Y por último está algo que muchos dejan para después: planear mejor los trayectos. Juntar pendientes, evitar vueltas innecesarias y salir con más calma no solo ahorra tiempo; también reduce consumo. Al final, el tanque no se vacía únicamente por el tráfico o por el precio del litro, sino por la suma de malos hábitos que repetimos todos los días.
La idea no es prometer milagros. La idea es algo más simple y más útil: que pongas a prueba estos hábitos durante una semana y revises si realmente cambia tu consumo. Porque con la gasolina regular cerca de los 24 pesos y el diésel por arriba de 28, hoy cada litro cuenta más que hace unos meses.



