Cuatro visionarios con una misma meta: lanzar un auto superior a los conocidos
Una característica personal distingue al italiano y es la búsqueda del ideal, con la correspondiente obstinación en alcanzarlo. Para los herederos del Imperio Romano, ya sea en moda, cocina o tecnología, su visión del progreso siempre va de la mano de elaborar algo extraordinario y no solamente hablar de ello.
Si bien el gusto por el gran diseño es una tradición de siglos para Italia, esta obsesión por lo bien hecho permeó con la revolución industrial a aspectos que parecerían meramente ámbitos de la ingeniería, de lo utilitario. De los criterios en arquitectura, escultura y joyería el enfoque colectivo alcanzó a la naciente mecánica automotriz. Si bien se han escrito incontables volúmenes sobre la inquebrantable voluntad de Enzo Ferrari, de sus creaciones, así como del ingenio de sus proveedores de servicios de diseño como Battista Pininfarina o Nuccio Bertone entre tantos participantes de esta industria, destacan cuatro exponentes de otras marcas con la misma determinación de crear un automóvil, o una serie de ellos, de atributos ideales.
El referente más conocido es Ferruccio Lamborghini, empresario productor de tractores quien, tras un altercado con Ferrari decide incursionar en los autos de alto desempeño. Bajo el mando del fundador la empresa desarrolla una corrida de modelos legendarios, iniciando con el 350GT, el Miura, Espada, y Urraco. Ferruccio transfiere la última partida accionaria de la empresa en 1974, habiendo demostrado su capacidad de llevar a las calles un producto superior al de su contraparte.
Otro protagonista, de sangre italiana, si bien nacido en Argentina, Alejandro De Tomaso es otro referente en súper autos y emprendimiento. Inició su empresa como desarrollador de prototipos, siendo su primer modelo, el Vallelunga, de escaso tiraje fue sucedido por el Mangusta, el cual estaba impulsado por motor Ford, grupo accionista de la casa De Tomaso. Fue productor de monoplazas de F1, tuvo el control de Maserati de 1976 a 1993, además de encargarse de los fabricantes de la versión italiana del Mini, Innocenti. Su obra más conocida es el Pantera.




Una trayectoria excepcional distinguió a Giotto Bizzarrini. Ingeniero de profesión, su tesis fue un Fiat 500 modificado, reinterpretado como “Machinetta”. Comenzó su carrera en Alfa Romeo primero trabajando en el chasis del Giulietta, para después trabajar como piloto de pruebas. Se incorporó a Ferrari en donde lo nombran Jefe de Ingenieros, siendo su máxima obra el 250 GTO. Sale en 1961 para formar su propio estudio de diseño. Entre otras de sus obras está el motor del 350GT de Lamborghini, el Iso Grifo, y su propio auto, el Bizzarrini 5300 GT Strada en equipo con Giugiaro.
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El contemporáneo de los genios italianos tiene doble nacionalidad, ya que nació en Argentina: Horacio Pagani. Un pionero de los materiales compuestos, le fueron abiertas algunas puertas estratégicas en Europa por recomendación de Fangio. Tras rediseñar un auto de competencia para Renault se incorpora a Lamborghini, primero con posiciones iniciales, alcanzando el puesto diseñador en jefe. Tras una diferencia de criterio con Ferruccio en cuanto a la adquisición de una autoclave para incorporar fibra de carbón en sus autos, sale de Lamborghini para fundar su propia casa de diseño, Modena Design en 1991, integrando Pagani Automobili al año siguiente. Tras siete años de elaboración surge el Zonda, seguido por el Huayra, y el actual Utopia.
La personalidad y vocación por los autos de alto desempeño hicieron esta constelación de creadores, sin olvidar a quienes dieron soporte a la cadena de valor de la región, entre diseñadores, pilotos y la amplia legión de entusiastas de la máquina en Italia.



