El Chevrolet Groove 2026 no es una simple actualización del modelo que conocíamos. Esta segunda generación marca un punto de inflexión claro dentro de la gama de SUVs subcompactas de la marca, no solo por su diseño o equipamiento, sino por un replanteamiento completo de su base técnica, su mecánica y, sobre todo, su nivel de seguridad.
Durante nuestra prueba de manejo de la versión RS, la más equipada y costosa de la gama en México, quedó claro que Chevrolet ya no busca que el Groove sea únicamente una opción de acceso, sino una propuesta más completa, con argumentos reales para competir en la parte alta del segmento.

Una Groove distinta desde el origen
Aunque se comercializa bajo el emblema de Chevrolet, el Groove 2026 tiene un origen claramente definido dentro del ecosistema global de General Motors. Este modelo está basado en el Wuling Xingchi, un crossover desarrollado por Wuling para mercados asiáticos, que ahora sirve como base para la segunda generación de Groove en América Latina.
Este dato es importante porque ayuda a entender por qué el cambio es tan profundo. El Groove anterior derivaba de un producto distinto, mucho más sencillo en concepción. En este caso, Chevrolet toma una plataforma más moderna y escalable, la adapta a las necesidades del mercado mexicano y la integra a su portafolio como una SUV subcompacta más ambiciosa.


El resultado es un vehículo que conserva el nombre, pero que en la práctica no comparte casi nada con su antecesora, ni en dimensiones, ni en enfoque, ni en equipamiento.
Diseño exterior: familiar, pero mejor proporcionado
A nivel estético, la Chevrolet Groove 2026 mantiene una clara relación visual con el Aveo de nueva generación. Esto no es casualidad: ambos modelos comparten arquitectura y ciertos elementos de diseño, especialmente en el frontal. Sin embargo, el Groove se beneficia de una silueta más alta y robusta, con proporciones que refuerzan su identidad como SUV.
La versión RS añade un tratamiento visual más deportivo, con contrastes en negro brillante, detalles en rojo y elementos que simulan fibra de carbono en faldones y fascias. No se trata de un cambio funcional, sino de una diferenciación estética que busca atraer a un público que valora una imagen más agresiva.



En dimensiones, el crecimiento es evidente. Con más de 4.3 metros de largo, el Groove se coloca como una de las SUVs más grandes dentro de su categoría. Este aumento no es solo una cifra técnica, sino que tiene consecuencias directas en el espacio interior y en la capacidad de carga.
Un interior más moderno y mejor resuelto
Puertas adentro, el salto frente a la generación anterior es notable. El diseño del tablero y la disposición de los elementos recuerdan al Aveo, pero la ejecución general se percibe más cuidada, con una sensación de ensamble sólida y un diseño más actual.
Los materiales siguen siendo mayormente rígidos, como es habitual en el segmento, pero se combinan con superficies acolchadas, costuras contrastantes en rojo para la versión RS y acabados en negro brillante que elevan la percepción visual sin caer en excesos.

La pantalla central de 10.25 pulgadas domina el tablero y concentra el sistema de infoentretenimiento, compatible con Apple CarPlay y Android Auto. Frente al conductor, el cuadro de instrumentos digital de 7 pulgadas permite visualizar información clara sobre el vehículo, las asistencias de manejo y los datos de viaje.


La ergonomía está bien pensada para el uso cotidiano. La posición de manejo es elevada, con buena visibilidad hacia el frente y controles bien ubicados. Como punto mejorable, la columna de dirección ofrece ajuste únicamente en altura, lo que limita un poco la posibilidad de encontrar una postura ideal para todos los conductores.
Espacio interior: uno de sus mayores argumentos
El incremento en dimensiones se traduce directamente en un habitáculo más aprovechable. En la segunda fila, el acceso es cómodo y el espacio para piernas y cabeza se sitúa por encima del promedio del segmento, incluso con el asiento del conductor ajustado para una persona alta.
La sensación general es de mayor desahogo que en muchas de sus rivales directas, lo que convierte a el Groove en una opción más familiar y funcional para el día a día.

La cajuela refuerza esta percepción. Con 436 litros de capacidad en configuración normal y la posibilidad de alcanzar hasta 1,290 litros con los asientos traseros abatidos, el Groove ofrece uno de los volúmenes de carga más competitivos de su categoría. En la práctica, esto se traduce en una cajuela realmente utilizable, capaz de absorber equipaje voluminoso sin comprometer la comodidad de los ocupantes.
Seguridad: el mayor salto generacional
Si hay un apartado donde el Chevrolet Groove 2026 se distancia claramente de su antecesora, es en seguridad. Desde versiones de entrada incorpora seis bolsas de aire, control electrónico de estabilidad, control de tracción y frenos ABS, pero lo más relevante es la inclusión de un paquete de asistencias avanzadas a la conducción poco común en este segmento.
En la versión RS, este conjunto incluye funciones como alerta de colisión frontal con frenado autónomo de emergencia, control crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril y asistencias para conducción en tráfico. En el uso real, estos sistemas funcionan de forma consistente y muestran un nivel de calibración que ya no se siente experimental, incluso en un vehículo de acceso.
Eso sí, algunos asistentes, como el mantenimiento de carril, pueden resultar intrusivos en autopista, aunque es posible ajustar o desactivar su funcionamiento. La ausencia más notable es el monitoreo de punto ciego, una tecnología que habría complementado muy bien el paquete de seguridad.
Motor y experiencia de manejo: más capaz, mismo enfoque
Bajo el cofre, el Groove 2026 monta un motor de cuatro cilindros 1.5 litros turbo, con 149 caballos y 188 lb-pie, asociado a una transmisión CVT y alimentado con gasolina de 91 octanos. Esta configuración representa una mejora sustancial frente a la generación anterior y frente a muchos de sus competidores directos.
En la práctica, el motor se siente más desahogado, especialmente en incorporaciones a vías rápidas, rebases y pendientes prolongadas. No se trata de un vehículo deportivo, ni lo pretende, pero sí ofrece una respuesta más segura y menos forzada que la mayoría de las SUVs subcompactas con motores de menor desplazamiento.
La transmisión CVT prioriza suavidad y confort. La entrega de potencia es progresiva y predecible, ideal para el uso urbano y para trayectos largos en carretera. A cambio, las sensaciones dinámicas quedan en segundo plano, algo coherente con el enfoque general del vehículo.

La suspensión está claramente orientada al confort. Filtra bien las irregularidades del camino y mantiene estabilidad a ritmos legales en autopista, aunque con balanceo perceptible en curvas exigidas. La dirección, de asistencia electromecánica, es ligera y fácil de manejar en ciudad, reforzando el carácter urbano del modelo.
Consumo y uso real
De acuerdo con cifras homologadas, el Chevrolet Groove RS 2026 declara un consumo combinado cercano a los 16.5 km/l, con mejores cifras en carretera que en ciudad. En el uso real, estos números dependerán directamente del estilo de conducción y del aprovechamiento del motor turbo, que invita a exigirlo más que en rivales menos potentes.
Balance general de la prueba de manejo
El Chevrolet Groove RS 2026 deja atrás su papel de SUV meramente accesible para convertirse en una propuesta más madura y completa. Su mayor fortaleza está en el equilibrio entre motor turbo, seguridad avanzada, espacio interior y un nivel de equipamiento que responde mejor a las expectativas actuales del segmento.
El precio de $485,900 pesos no es inocuo, pero tampoco aislado y lo coloca en una zona más exigente del mercado, donde compite con rivales mejor posicionados históricamente, pero a cambio ofrece un paquete técnico y práctico más sólido que el de su antecesora. Hoy, el Groove ya no se explica solo por su nombre, sino por un producto que, por primera vez, se siente verdaderamente competitivo.




